Me encontraba ensimismado contabilizando controles y he tenido un lapsus de razón.
De repente lo he visto todo claro y se me ha despejado la mente. Así que aprovecharé, vaya a ser que ser que esta lucidez sea transitoria, para daros algunas claves que, se me ocurre, pueden ayudar a descifrar la situación laboral tan surrealista (y no menos penosa) por la que estamos pasando los veterinarios del SAS.
Empecemos por analizar el servilismo desenfrenado en el que han entrado nuestros queridos compañeros que ejercen las funciones de coordinación veterinaria, con respecto a los nuevos “jefes” de seguridad alimentaria de los servicios centrales del SAS. ¿A qué viene tanto amor? Se pasan todo el día haciendo números, encajando perfiles, elaborando objetivos, sumando items y tejiendo indicadores, con la única meta de que una “supuesta” unidad de seguridad alimentaria que nadie de nosotros a suscrito, con la que no nos identificamos ni asumimos, y de la que nada se nos ha consultado, parezca que funciona de cara a dichos “jefes”, a los que tienen que rendir cuentas y, muchas veces, pleitesía.
Es penoso que asuman todo el cúmulo de barbaridades que vienen de arriba sin plantearse nada, sin rechistar. ¿Es esto o no servilismo? ¿Dónde está la capacidad de crítica, de discusión? ¿Y la capacidad de plantarse, de soltar un “NO” a tiempo? ¿Y la de renuncia o dimisión si no se está de acuerdo con temas importantes? Nada de esto parece existir, y menos que nada las renuncias...
Y mientras ... ¿Quién realiza las verdaderas funciones de coordinación?. Nadie. Y mira que no están sólos, casi todos cuentan con ayudantes de cámara venidos a más (léase subcoordinadores, Coordinators 2, etc), administrativos, y otros allegados pelotiles en la sombra (éstos son los más peligrosos, ya que juegan a doble o triple banda, y tienen tantas caras que a veces no los reconocemos).
Los temas realmente importantes (cobertura de sustitutos, medios materiales adecuados para realizar nuestro trabajo, dignificación profesional en todos los sentidos, etc...) totalmente desatendidos. Estos “gestores” no coordinan ya nada, si me apuras todo lo contrario, ya que cuando se recurre a ellos (por inercia, que no realmente por necesidad) tienden a complicar, enredar y descoordinar todo lo que tocan. Y es normal. Han perdido práctica, se dedican a otros menesteres...
Y en todo este maremagnum de objetivos, perfiles e indicadores, no aparece por ningún lado, o al menos a mí no me lo parece, ninguna valoración de la “calidad” de nuestras actuaciones, ni por tanto ninguna propuesta de mejora de la misma. Aquí sólo se valora la “cantidad”. Números a toda costa. Mientras más, mejor.
Y en base a esto, se inventan en los servicios centrales del SAS el control mediante la ficha individual de perfiles. Y nuestros “coordinadores” la asumen, como otras barbaridades, sin plantearse nada más, sin críticas, sin plantes, sin renuncias....
Y en dicha ficha se opta por una interpretación de la clasificación por riesgo de los establecimientos (cuya función es la realización de supervisiones de seguridad alimentaria) para fijar unos controles mínimos anuales no se sabe en base a qué criterios. Se valoran cuantitativamente las actuaciones/tiempo para establecer unos mínimos de cada tipo de actuación, de forma totalmente aleatoria, tratando de encorsetar la realidad para que “quepa” en la ficha. Se olvidan de valorar o tener en cuenta muchas actuaciones, que más da. Y por último, se enlaza de forma “maquiavélica” la fichita de perfiles (base del objetivo sintético) con el SIGAP, como forma de asegurarse la presentación puntual de los datos, ya que se incluye como indicador del SIGAP un adelanto cuatrimestral de los controles reales de las fichas de perfiles.
En todo este embrollo, se nos intenta hacer ver que la ficha de perfiles refleja poco menos que el trabajo que debemos realizar anualmente, cuando sólo se trata de una herramienta para valorar un objetivo de la productividad, que puede y debe ser asumido o no libremente.
Y por último, para no cansaros más, está el tema (y vaya tema) de los incentivos de productividad, los del pasado 2006 y los de este año 2007.
De los del 2006 sólo rumores de que hay dinero, pero nadie ha visto un documento que refleje algún presupuesto o cantidad en euros. O sea, puro espejismo, como decía el otro día un compañero.
De los del 2007 (para cobrar supuestamente el año próximo) más de lo mismo, pero con el agravante de que, para cuando las unidades y los objetivos de cada Distrito sean aprobadas por los servicios centrales (cosa que hasta la fecha no se ha producido en mi distrito, o al menos a mí no me han informado), ya estaremos situados por delante del ecuador del año 2007, y pretenderán un aplicación a 1 de enero. Otra barbaridad. Otra de tantas.
¡Horror! Siento que se me nublan de nuevo las ideas, que mi cerebro vuelve a estar enfrascado en los objetivos de mi "futurible" productividad, que vuelvo a la laboriosa y rutinaria labor de inflar mi ficha de perfil, de ajustar mi Rebia y redondear mi Sigap. Porque es que, encima, les hacemos el trabajo desde abajo, ellos sólo tienen que sumar...
En fin, son las cosas del lavado de cerebro…